viernes, 14 de octubre de 2016

ME CONVIENE, LA USO. NO ME CONVIENE, ME LA SALTO

A cada cual puede parecerle mejor o peor ciertas cosas de la vida, que para gustos no hay disputas. A unos nos gusta la fabada y a otros la paella o las dos cosas a la vez, que también se puede. Nos apetece más ser del Barça o del Español o del Sporting de Gijón o del Oviedo. A este respecto nada nos lo impide porque son apetencias no legisladas. Ahora bien, si una ley, que es una cosa muy seria, establece cómo y cuándo podemos hacer las cosas, este es otro cantar.
A lo mejor me apetecería circular por la izquierda, como los británicos, pero resulta que nuestra ley dice que debemos hacerlo por la derecha. Si la desobedecemos, lo más probable es que produzcamos un choque y hasta muertos, por lo tanto,  debemos respetarla sí o sí.
Tal vez, en un arranque de locura, me apetecería coger sin pagar un abrigo de mi tienda preferida, pero la ley también dice que si lo hago existe una penalización, así que o desembolso el dinero o lo dejo en su lugar.
Pero hete aquí que ahora está de moda saltarse las leyes en este país,  algunos alardean de ello, y hasta los hay que rompen las sentencias judiciales delante de los curiosos y otros que aplauden diciendo: oletú, qué valiente.
También se da la paradoja de que entre los que se saltan las leyes y los tribunales establecidos los hay que recurren a ellos para que se les proteja, lo cual es cuanto menos desconcertante: si me conviene uso la ley y si no me conviene me la salto. Gran ejemplo de ciudadanía y de respeto a los mecanismos democráticos que entre todos y todas nos hemos otorgado.
Necesitamos un poco más de cordura, mucha más cintura y sobre todo diálogo, mucho diálogo.


Escrito para La Voz de Castelldefels

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